Ecos del final de un verano



Adiós a la brisa
y los flamencos hinchables.
La piel morena.
El vello ligero.

Adiós a los besos salados
y pezones erectos.

Adiós al erótico cítrico
chorreando por la comisura de los labios.

¿Dónde irán los cuerpos musculados como dioses del Olimpo?

¿Quién flotará ahora en el agua,
en nuestros sueños húmedos?

Ya no hay más lanzarnos a la piscina
para saber si el deseo es mutuo,
o simplemente por refrescarnos.

Ecos del final de un verano.
Playa vacía.
Tristeza infinita.
Suena otoño a la vuelta de la esquina.

…pero siempre nos quedará
el helado de chocolate.

Comentarios